Octavio Santa Cruz |Volante | 8 x 6 cm. | Papel couché | Década de 1980

Cuadra 52 del extenso Paseo de la República, en Lima, conocido cada vez menos como «el zanjón«, quizás porque cada vez somos menos quienes le llamábamos así, como a una herida grande y profunda que corta y traspasa la ciudad de sur a norte, de norte a sur.

El distrito es Miraflores, mientras que el jirón que hace esquina con la Vía Expresa (que es otra de las formas de llamar a esta gran autopista) se llama Leoncio Prado. Allí, en el número 225 se levantaba una casona de inicios del siglo XX perteneciente a la familia Colina y que para la década de 1970 lucía totalmente pintada y cubierta de árboles que se escondían entre follajes y montañas de color verde claro y verde oscuro.

Era el Teatro Cocolido. Centro de Arte, inaugurado el año 1975 por la actriz peruana Aurora Colina, heredera de aquella casa de dos pisos con vista a Surquillo en aquella zona otrora perteneciente a la Hacienda Marsano. Se trató de una de las primeras casonas en Lima adecuadas para funcionar como teatro pero que en realidad actúo como un centro cultural donde se podía encontrar desde muestras de arte infantil, recitales musicales y poéticos, hasta clases de teatro para niños y jóvenes con el Grupo Teatral Abeja, de pintura, de flauta dulce y de guitarra, así como encontrar un pequeño negocio de venta de artesanías y sala de exposiciones en la esquina con el jirón Alfonso Ugarte, garaje donde se podía encontrar diariamente a Jorge Flores atendiendo a su clientela, y por supuesto, había teatro, mucho teatro cada noche de los fines de semana.

Arte, intervención urbana y ecología

El pintado del mural del paisaje de árboles y montañas que cubría por completo la fachada del Centro de Arte Cocolido fue realizado por el artista y arquitecto Juan Pastorelli, quien junto con Edgardo Arenas Pavletich, Germán Costa, Ignacio Elizalde y Aurora Colina, emprendieron el proyecto de muralización. El porqué del paisaje natural elegido lo comenta la misma Aurora: «pintamos la fachada con árboles porque es una de las cosas que más falta en Lima».

En una entrevista alojada en la internet (http://www.teatromuchamierda.com/olvidar-no-fue-parte-del-trato/), Aurora comenta respecto al Teatro Cocolido:


«Ahí hice lo que me dio la gana. Escogía obras de primer nivel. Hubo un momento en que en mi casa se daba el mejor teatro de Lima. Estaba José Enrique Mavila dirigiendo “El Homosexual”, Coco Chiarella o Manuel Rodríguez con una versión de “Antígona”. Ahí se han iniciado como profesionales Alberto Ísola, Fernando Zevallos y hasta Celso Garrido Lecca en la música. Incluso en 1976 recibí a Arístides Vargas en mi casa, antes que formara Malayerba; era el tiempo en que había sido exiliado. Hasta que un día Beto Montalvo y Pipo Ormeño me pidieron la casa para ensayar un proyecto por las mañanas, ¿qué era? “El beso de la mujer araña” (de Puig)».

Aurora Colina

«Estaba José Enrique Mavila dirigiendo “El Homosexual”…»

Es hacía el convulso año 1992 que Aurora Colina deja el Perú y debe cerrar el Cocolido, cediendo la casa a Fernando Zevallos quien instala allí al grupo La Tarumba, transformando totalmente el espacio.

«…totalmente pintada y cubierta de árboles que se escondían entre follajes y montañas de color verde claro y verde oscuro.« | Lima Antigua
«… se instala allí al grupo La Tarumba, transformando el espacio totalmente.»

El autor de la gráfica del volante: Cocolido te recuerda, es el diseñador peruano Octavio Santa Cruz.


Zona de recuerdos

Es el momento para algunos recuerdos súbitos que surgen desde la niñez de quien redacta este artículo, al hallar el volante diseñado por Octavio Santa Cruz:

  • Thorstein, el perro bulldog de Aurora Colina rompiendo a mordidas mis zapatos cada vez que podía. Una vez se perdió por las calles de Miraflores. La noticia salió en los periódicos y Thorstein fue finalmente hallado.
  • El cuarto de Aurora en el segundo piso, su suave cama bajo la suave luz amarilla. La gran y alta ventana ubicada en la esquina y que daba hacía la Vía Expresa, bajo la noche, neblinosa y pluviosa de finales de la década de 1970.
  • La cocina al fondo. Lonches con Aurora.
  • La negra y pesada reja que protegía la casa que era genial escalar.
  • Los camerinos y la habitación del actor Fernando Zevallos. Su espejo con autoadhesivos.

  • La falsa entrada, alta y angosta.
  • El reseco jardín que rodeaba la casa.
  • La campana que colgaba en el patio principal.
  • Los coloridos vitrales de las ventanas.
  • Las antiguas y frías losetas de hermosas formas geométricas y motivos moriscos.
«… antiguas y frías losetas de hermosas formas geométricas y motivos moriscos.» | Captura del video: El homosexual, de Copi, por el Teatro del Sol, 1990.

  • La zona desde donde manejábamos las luces y el sonido, junto al escenario, rincón escondido detrás del arco de la sala e iluminada con una luz bajísima.
  • La gran y negra escalera de madera que llevaba al segundo piso.
  • El amplio baño de altísimo techo, así como la tina y el bidet de blanco mármol.
  • La parrilla metálica de luces y tachos entre decenas de cables eléctricos.
  • El sofá redondo junto al escenario, que escondido en un espacio semicircular estaba rodeado de ventanas con vitrales de colores.
  • Escuchar a Gabriel Ramón Joffre, hijo de la actriz, directora y dramaturga Sara Joffré, contarme que el nombre Cocolido se debió a que él no podía pronunciar la palabra Cocodrilo.
  • Las clases de teatro y de pintura con decenas de niños caminando de aquí para allá por la casa toda.
  • Las clases de flauta dulce para niños en el segundo piso.
  • La puesta en escena de Guerra en el Tercer Piso del checo Pavel Kahout en 1979 con la dirección de Alberto Isola. Había una escena donde se utilizaba el chorro de extinguidores de fuego para simular un atentado terrorista.
  • El montaje de La divina comedia, hacía el año 1981 bajo la dirección de Fedor Larco.
  • Las aventuras del buen soldado Schwejk, del checo Jaroslav Hašek dirigida en 1982 por Alberto Isola y en la que podían verse efectos como nieve caer, estepas blancas y frías, perritos que cruzaban el escenario, etcétera.
Ensayo de Las aventuras del buen soldado Schwejk (Foto:Herman Schwarz)
  • La puesta en escena del Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín y La Casa de Bernarda Alba, ambas de Federico García Lorca. Perlimplin era interpretado por el actor Oswaldo Fernández.
  • La obra El sargento Canuto, de Manuel Ascensio Segura, montada en 1978 por el Grupo teatral Abeja.
  • El pequeño cocodrilo de madera de color verde y lengua roja, adorno artesanal de cuerpo móvil que sobre una mesa, permanecía observándonos y moviendo de un lado a otro la cabeza.
  • Los meses interminables recorriendo rincón por rincón el Cocolido y fatigando las calles aledañas con sus tiendas de artesanía y de antigüedades, pues eran días en los que el niño que yo era, debía esperar hasta la madrugada para regresar a casa mientras culminarán los ensayos del Grupo Teatral Abeja.

archivos fotograficos arqueología arte contemporaneo arte marcial bienal cajamarca comic concurso convocatoria Covid-19 critica de arte curadores de arte curaduria el incidente exposiciones exposición virtual fotografia fotografía galeria municipal pancho fierro historieta huánuco ICPNA ignacio merino israel tolentino issela ccoyllo Jorge Villacorta Juan Acevedo juan peralta la otra luz lima luis repetto malaga manuel limay incil materia oscura mokambo municipalidad de lima museografía museos del peru pinhole podcast revista de arte Ricardo Florez salon de fotografía sebastian salazar bondy teatro peruano teresa burga


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp