Estamos en el siglo XIX… y esta es la antigua Penitenciaria de Lima. Inaugurada en 1862 también fue conocida como El Panóptico,

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En 1964 fue demolida, para dar paso a la construcción del Centro Cívico de Lima y el Hotel Sheraton.

Pero en junio de aquel año y antes de que eso suceda, decenas de limeños llegaron hasta los escombros del penal para evitar la destrucción de la última pared.

¿Porqué?

La caída de los muros dejaron al descubierto una pared donde un anónimo preso había pintado el flagelo de Cristo antes de subir a la cruz.

La destrucción de la pintura mural era inminente… pero el 22 de junio de 1964 ocurrió el «milagro».

La potente grúa no pudo destruir la imagen, pues Teobaldo Ward Menchola, de 27 años y maquinista del pesado vehículo, sintió una extraña sensación cuando estuvo a punto de hacerlo.

«Fue como si hubiese recibido un anuncio del cielo. Sentí un frío sudor que recorría mi frente», agregó pensativo, según los diarios de la época.

La devoción fue entonces mayor.

Cientos de curiosos limeños llegaron hasta la precaria capilla hecha de ladrillos y esteras, donde espontáneas «hermandades» empezaron a surgir con el fin de exigir óbolos a quienes llegaran hasta allí.

Entre esos grupos que hacía negocio de la ocasión, se encontraba Rosa Chávez Salaverry, una señora quien durante más de un de mes permaneció «enclaustrada» en la capilla vendiendo flores, estampas y fotografías del «Cristo del penal».

Rosa afirmaba que había hablado con el Cristo pintado en la pared: «Estaba con un manto blanco y le faltaba un pedazo a la altura del pecho».

Una madrugada dos asaltantes saltaron las paredes de la capilla y golpearon a Rosa con la intención de robarle las limosnas que recolectaba. Tras la denuncia, la policía procedió a sacarla del lugar.

Ante estas y otras situaciones, la Iglesia exigió demoler el muro de forma inmediata. Entonces la polémica surge con quienes pedían que el Cristo se quede en el lugar y se le construya una capilla.

Finalmente en el mes de agosto de 1964, las autoridades anunciaron que la pintura mural no podía permanecer allí por más tiempo, por lo que sería trasladado a los arenales de Canto Grande, lugar donde sería construido un futuro penal, es decir, el Establecimiento Penitenciario de Lurigancho.

La noche del 23 de septiembre de 1964 y en medio de gran multitud de personas, se inició su traslado.

Quince obreros, una potente grúa y dos camiones se utilizaron para sacar la pared de su lugar, pero aún así el muro sufrió roturas.

Por mucho tiempo el muro permaneció olvidado sobre la tolva de un viejo camión bajo la intemperie, entre los cerros de Canto Grande. Hasta que los primeros pobladores empezaron a frecuentar el lugar realizando ceremonias religiosas alrededor de él.

El culto hacia el Cristo del Penal retornaba con fuerza, pese a las quejas de la Iglesia que nuevamente hacía todo lo posible por convencer a la opinión pública de que la pintura no era sagrada.

Incluso, ubicó al preso Rubén Darío Muñiz Calvo, solo para que declarara ante la prensa que hizo el mural «en un momento de ocio».

Sin embargo, el muro fue restaurado por quienes empezaban a poblar estas zonas de los exteriores de Canto Grande quienes también iniciaron la construcción de una capilla en el sitio con el fin de protegerlo.

Hasta el día de hoy esa capilla se encuentra en el mismo lugar: el distrito de San Juan de Lurigancho, recibiendo a todos los devotos del Cristo del Penal.

¿Conocías esta historia?.

Aquí te dejamos un video para que puedas compartir con todos este capítulo de nuestro pasado reciente.

Fuente: Diario Última Hora, ediciones de junio de 1964 a enero de 1966. | Canal en Youtube de Julio Abanto


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2 comentarios en “EL CRISTO DE LA PENITENCIARIA DE LIMA: UNA PINTURA MURAL EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA”

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