LOS HUESOS DEL PINTOR IGNACIO MERINO Y EL CEMENTERIO DEL PÈRE LACHAISE

El presente texto ha sido escrito haciendo memoria de una experiencia ocurrida 12 años atrás: el encuentro con la tumba del pintor peruano Ignacio Merino en el Cementerio del Père Lachaise en París.

Desde hace tiempo quería compartir las fotografías de registro de esa visita; se las remití a algunos historiadores de arte para que puedan usarlas como más les pareciera,

pero ahora deseo compartirlas con los amigos de Canal Museal acompañando las imágenes con un relato sobre aquel encuentro “de ultratumba”.

Asimismo, mis recuerdos se irán complementando con algunas reflexiones y conexiones museales, así como ideas históricas y artísticas que permitirán comprender el valor de los cementerios patrimoniales.


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Era diciembre de 2008 cuando llegué a la ciudad de París acompañada de un amigo brasileño, museólogo de la ciudad de Porto Alegre, con quien había estudiado el curso: La Renovación del Museo Nacional del Prado en Madrid. 

Al finalizar la última clase decidimos ir juntos a visitar los museos de París. Para ambos era nuestra primera vez en Francia y andábamos deslumbrados con la belleza de su capital, pero además de visitar los museos yo tenía una misión personal, visitar la tumba del gran Ignacio Merino, primer pintor académico peruano que vivió gran parte de su vida en Europa y que contribuyó de manera decisiva en el devenir del arte en el Perú.

Cuando Merino regresó a nuestro país en 1838, radicó en Lima por un periodo de 12 años dedicándose a la formación de nuestros más destacados artistas durante el siglo XIX. Como Director de la Escuela de Dibujo de Lima tuvo a su cargo un aula de dibujo académico en el mismo edificio de la Biblioteca Nacional

También participó activamente en la vida cultural de la capital peruana: una época en la que se estaban formando los primeros espacios museales, como el Museo Nacional1, diversas colecciones privadas, salas de teatro, así como singulares espectáculos ópticos. 


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Ignacio Merino: un personaje ejemplar

Aquel interés personal por visitar la tumba de Merino, se debía a que dos años antes del viaje me encontraba trabajando en la Municipalidad de Lima, contratada como especialista en arte de la Pinacoteca Municipal Ignacio Merino, una de las colecciones pictóricas más importantes del Perú

Considero que aquella fue una experiencia profesional fundamental que me permitió conocer de cerca esta magnífica colección, los lienzos de gran formato de nuestro pintor así como la historia y los procesos para la formación de una pinacoteca. 

la Pinacoteca Municipal Ignacio Merino, una de las colecciones pictóricas más importantes del Perú.

No hay mejor aprendizaje profesional que el realizado en el mismo campo de trabajo, en el manejo de colecciones, experimentar sus procesos de conservación y restauración, realizar los inventarios, desarrollar una propuesta educativa, observar de cerca los antiguos lienzos y conocer a fondo una colección completa, todo ello significa mucho para quien ha estudiado historia del arte, una carrera aún poco conocida en el Perú.

El año 2004 los historiadores sanmarquinos Sandro Covarrubias y Richard Chuhue  iniciaron un exhaustivo trabajo de compilación de documentos históricos de la pinacoteca municipal en la Biblioteca y Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima, encontrando un inventario del año 1876 para el legado de Merino, documento en el que figura la relación de obras guardadas en su taller parisino de la Rue la Clichy N°1, colección que llegó a la ciudad de Lima como herencia. 

El hallazgo de este valioso documento registraba el contenido de las pesadas cajas de madera llenas de lienzos en gran y mediano formato así como una carpeta de dibujos que llegó a Lima poco después de la muerte del artista. 

Tal acto de desprendimiento y amor a la patria por parte de Ignacio Merino me hacía pensar en lo valiosa que ha sido su contribución a la cultura peruana. Merino sabía bien de las escasas posibilidades que tenían los artistas peruanos de la época de ver una colección de esta índole; toda una clase formativa serían estos lienzos para los amantes del arte y sobre todo, para quienes querían dedicarse a la pintura. 

Posteriormente, a la colección Merino se fueron sumando las obras de sus discípulos,  así como una amplia colección de acuarelas de Pancho Fierro, de arte republicano y contemporáneo. A su ciudad natal, Piura, dejó en su testamento una pequeña fortuna que permitiría construir un puente y algunos elementos ornamentales que embellecerían la ciudad2

pero además de visitar los museos yo tenía una misión personal, visitar la tumba del gran Ignacio Merino.


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La importancia de los cementerios patrimoniales

Como para todo historiador de arte, el primer viaje a Europa significó para mí una experiencia importante en mi formación en museos. Conocer las grandes colecciones que reúnen las obras del arte universal y encontrar las relaciones de aquellos museos con el arte peruano. 

Pero también están los espacios patrimoniales, como los cementerios. Mi objetivo de encontrar la tumba de Ignacio Merino más que un gesto de conmemorar a nuestro ilustre pintor terminó siendo, también, una experiencia de encuentro con un lugar patrimonial.

La capital peruana cuenta con el cementerio Presbítero Matías Maestro, inaugurado en 1808, solo cuatro años después de construido el cementerio de París.

El cementerio peruano es un espacio que guarda interesantes historias, desde su diseño arquitectónico, pasando por los impresionantes mausoleos y conjuntos escultóricos, hasta las más modestas lápidas.

Tantas vidas reunidas en un solo espacio y cuánto significado expresa este lugar sobre las maneras de ver la vida y la muerte en el Perú del siglo XIX. Los elementos iconográficos que se despliegan en cada rincón nos ayudan a descifrar aspectos claves de la sociedad limeña. 

Nuestro cementerio, a diferencia del parisino, sufrió no solo los embates del clima y del tiempo, sino sobre todo, el vandalismo que provoca la desaparición de piezas de mármol extraídas para su venta en el mercado negro el cual recicla indiscriminadamente el material de placas y piezas escultóricas. O que vende las piezas enteras como ornamento para los inescrupulosos coleccionistas. 

También fueron extraídos muchos mármoles para prácticas esotéricas, como la brujería y las mesadas, donde los dedos y las narices de las esculturas fueron arrancados para esos oscuros ritos mágicos. 

Un año antes del viaje a París, en septiembre de 2007, tuve la oportunidad de participar en la Primera Jornada de Inventario de esculturas del Cementerio Presbítero Matías Maestro, actividad dirigida por el doctor Alfonso Castrillón, que convocó a un buen número de profesionales de las artes plásticas, escultores, historiadores de arte y conservadores. 

Fue una de las acciones más importantes realizadas para la preservación de las esculturas del cementerio, ya que hasta ese entonces no se contaba con un inventario completo. Es necesario también mencionar el trabajo realizado por Luis Repetto Málaga, «el señor de los museos», quien fuera presidente de la Red Iberoamericana de Gestión y Valoración de Cementerios Patrimoniales desde donde realizó un trabajo en conjunto con la Beneficencia Pública de Lima, organizando importantes gestiones para la puesta en valor del cementerio que hoy en día cuenta con un museo de sitio e importantes libros con investigaciones históricas y registros fotográficos. 


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El cementerio de Père Lachaise 

El cementerio de Père Lachaise inicialmente fue una propiedad de la orden jesuita. Fue Napoleón Bonaparte quien ordenó su adquisición para la construcción del camposanto,  el cual se inauguró un 21 de mayo de 1804. 

Como es usual en los cementerios de aquella época, por una cuestión de salud pública, se encuentra fuera de la ciudad. En la actualidad, el crecimiento urbano lo ha convertido en un espacio cercano a avenidas y zonas residenciales, transformándolo en un sitio de encuentro y paseo para los parisinos.

Al llegar al cementerio Père Lachaise, lo primero que llamó nuestra atención fue su imponente fachada ubicada en la Rue Roquete. El ingreso está formado por una portada de dos grandes columnas adosadas que rematan en medallones con relieves de relojes de arena alados, símbolos de lo efímera que es la vida. 

… lo primero que llamó nuestra atención fue su imponente fachada

Cada columna tiene inscripciones en latín que versan: SPES ILLORUM IMMORTALITATE PLENA EST (La esperanza está llena de inmortalidad) y QUI CREDIT IN ME, ETIAM SI MORTUUS FUERIT VIVET (El que cree en mí, aunque muera, vivirá).

En el ingreso, un plano de ubicación de los mausoleos y monumentos conmemorativos permite a los visitantes armar su itinerario. El mapa oficial del cementerio presenta un total de 71 tumbas de los personajes más conocidos de las artes y letras y 27 mausoleos conmemorativos. 

Este plano actualmente lo podemos descargar de un sitio web3 y llevarlo impreso para hacer el recorrido de llegar el caso. Como en este plano informativo no figuraba el nombre de nuestro pintor, tuvimos que buscar una caseta de información. Allí lograron ubicar el nombre de Merino en un antiguo libro y finalmente nos dieron el dato de cómo hallar su tumba.

Se trataba de la Guía ilustrada del cementerio de Père – Lachaise. Sepulturas de personajes con carácter histórico, artístico y parisino. Este libro fue escrito por Jules Moiroux, conservador del cementerio y publicado en 1908 y hasta la actualidad se  considera vigente, como la primera guía para conocer el cementerio Père Lachaise

Moiroux realizó un trabajo minucioso de identificación de cada tumba anotando referencias biográficas de los personajes que en ellas descansan, labor propia de un conservador que conocía el valor de la documentación como herramienta para preservar el patrimonio cultural. 

Ubicado en orden alfabético, aparece en la página 249 nuestro Ignacio Merino, registrado como “Artista pintor. Peruano, discípulo de Monvoisin” (53 ° División, 1era línea, V, 13). Con este valioso dato empezamos su búsqueda entre tumbas de famosos artistas parisinos acompañados por los graznidos de los cuervos que creaban una atmósfera tenebrosa al lugar.

Ubicado nuestro objetivo en aquel antiguo libro, era posible ver cómo se destacaba que Merino fue discípulo de Monvoisin. Si bien también fue discípulo de Paul Delaroche, fue con Raymond Monvoisin con quien además de haber estudiado en París, pudo reencontrarse en Lima, donde retomó sus clases de dibujo y es motivado a regresar a Francia

La búsqueda no fue nada fácil pues es un cementerio de 43 hectáreas, considerado el espacio verde más grande de París; así que caminamos bastante para encontrar la tumba. Sin embargo, la búsqueda de Merino nos llevó a encontrar en el camino monumentos y mausoleos de destacados artistas de la historia del arte universal.

Caminamos así, entre monumentos, frondosos árboles y abundantes grupos de cuervos. 

entre monumentos, frondosos árboles y abundantes grupos de cuervos.


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Las tumbas de otros célebres personajes

Una de las más impresionantes tumbas es la de Théodore Géricault (Francia 1791-1824), realizada por el arquitecto, escultor y pintor Antoine Étex (París 1808 – 1888). Está conformada por una escultura y altorrelieves en bronces; en la parte superior el retrato de cuerpo entero de Géricault en posición de descanso sosteniendo su paleta y pincel; en la parte central, un alto relieve de su obra cumbre La barca de la Medusa

La tumba fue realizada muchos años después de la muerte de Géricault, en 1841. Étex presentó esta obra en el Salón de París por la cual fue condecorado con la cruz de la Legión de Honor. Merino también tuvo la oportunidad de participar con sus obras en los Salones de París y es en el Salón de 1863 donde recibió una medalla de tercera clase por su cuadro Cristóbal Colón ante los sabios en Salamanca

La tumba fue realizada muchos años después de la muerte de Géricault, en 1841.

Otra tumba, aunque menos ostentosa pero bastante significativa es la del gran Jacques-Louis David (París, 1748-Bruselas, 1825). Ignacio Merino llegó a la edad de 7 años a Paris, el mismo año en el que falleció David, el pintor académico más destacado. Sin duda Merino debió conocer y admirar su obra en sus constantes visitas al Museo del Louvre.

Otra tumba, aunque menos ostentosa

Un sepulcro que destaca en el cementerio parisino es el de Eugenie Delacroix (Francia 1798 – 1863). Un imponente y oscuro sarcófago con el nombre del artista en grandes letras doradas es el homenaje al más destacado pintor del romanticismo. Su obra La libertad guiando al pueblo, que fue expuesta por primera vez en el Salón de París de 1831, debió ser motivo de interés para el joven Ignacio Merino, pues es una obra que causó gran revuelo en la sociedad artística parisina del siglo XIX.

Un imponente y oscuro sarcófago con el nombre del artista en grandes letras doradas

Finalmente, en el camino vimos varias personas reunidas en un pequeño espacio, la curiosidad nos llevó a mirar de qué se trataba, era la tumba de Jim Morrison (EEUU, 1943 – Francia, 1971), el legendario líder de The Doors. Cubierta de ramos de flores y velas presenta una pequeña reja para guardar la distancia de los entusiastas visitantes.

la curiosidad nos llevó a mirar de qué se trataba, era la tumba de Jim Morrison.

Un gato grande caminaba entre la tumba de Morrison y las tumbas vecinas, dejándose acariciar por momentos gustando de posar para las fotos.

Un gato grande caminaba entre la tumba de Morrison y las tumbas vecinas…


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Finalmente… nos encontramos con Ignacio Merino

Después de caminar entre tumbas y cuervos durante medio día, algo cansados llegamos a una zona donde habían varias lápidas negras inclinadas y otras, tiradas en el césped o en medio de una alfombra de hojas secas. 

Entonces algo cansada solicité a mi amigo el ver si en alguna de ellas aparecía grabado el nombre de Merino. Entonces me respondió: «Tere, si aquí está así de abandonado, podré desenterrar los restos del gran Ignacio Merino y meterlos en tu mochila para que te los lleves a tu país donde serán bien apreciados«. 

No fue necesario tal rescate óseo, pues felizmente ninguna de esas abandonadas lápidas correspondía a nuestro pintor, sin embargo, estábamos muy cerca de encontrar la tumba.

lápidas negras inclinadas y otras, tiradas en el césped o en medio de una alfombra de hojas secas.

Además, tenía en mi mente una imagen de referencia que me ayudaría en su ubicación: poco tiempo atrás había observado una ilustración de la tumba de Merino realizada por el distinguido dibujante y grabador Evaristo San Cristóbal (Pasco, 1848 – Lima, 1900), quien retrató a los personajes peruanos de su época en los distintos medios de prensa donde trabajó entre los personajes figura el mismo Ignacio Merino. 

Publicado por primera vez en “La Ilustración Americana” en 1891 y posteriormente en el libro titulado Ignacio Merino 18l7 -1876. La vida y obras del pintor con motivo del centenario de su nacimiento en 1917, el dibujo de la tumba de Merino se ve bastante sencillo, con el único ornamento de una corona de flores en medio de la cual aparece el nombre de nuestro artista y frondosas plantas alrededor de la tumba.

el dibujo de la tumba de Merino se ve bastante sencillo

Y efectivamente, así se veía. A lo lejos pude identificarla con el mismo diseño que aparecía en el grabado de Evaristo San Cristóbal, solo que ligeramente cubierta por el verde musgo producto de las fuertes lluvias y la humedad de aquel diciembre, y acompañada de otras tumbas más modestas a los lados y abundantes hojas secas en el piso.

ligeramente cubierta por el verde musgo producto de las fuertes lluvias y la humedad de aquel diciembre.

Tallada en piedra la tumba había perdido algunos detalles producto de la humedad y de la intemperie, apenas se distinguen los bordes de la gruesa corona de flores con un listón que caería en hondas cerca al relieve de la cruz. 

La inscripción dice: YGNACIO MERINO. PEINTRE. NÉ Á SAN MIGUEL DE PIURA PEROU EN 1818. MORT A PARIS EN 1876. 

Aunque la fecha de nacimiento es incorrecta, pues Merino nació un año antes, sí lograron ser precisos en la ubicación del lugar natal: San Miguel de Piura

Llegar hasta el rincón donde descansan los restos de Ignacio Merino fue bastante significativo. Así como el poder recordar que fue un peruano que llegó a París a la edad de 7 años, que desde niño mostró su interés por el arte y que ya de adulto se formó como pintor académico; que aprendió del arte y la cultura europea sin olvidar sus orígenes y contribuyó con su obra en el devenir de la pintura y la museología peruana.

Los cementerios son aquellos espacios para conmemorar a nuestras familias y a los personajes que han forjado la historia. 

Sin duda, deben ser bien preservados en su alto rango de espacios patrimoniales, pues nos permiten resguardar la memoria de una nación a través del arte escultórico, fotográfico y como no, la palabra escrita. 

pude identificarla con el mismo diseño que aparecía en el grabado de Evaristo San Cristóbal.


NOTAS A PIE DE PÁGINA:

1  Está registrado que Ignacio Merino hizo una peculiar donación a la colección del Museo Nacional, un fósil marino. Fuente: Daniel Contreras y Teresa Arias. Solo para Curiosos. Origen de los museos en el Perú (2019).

2  Miguel Arturo Seminario nos da a conocer en qué se invirtió el dinero donado a la ciudad de Piura en su artículo “El legado de Ignacio Merino, a Piura y a Lima” Recuperado de: https://www.elregionalpiura.com.pe/index.php/columnistas/176-miguel-arturo-seminario-ojeda/14771-el-legado-de-ignacio-merino-a-piura-y-a-lima

3  Pueden ver el mapa con la lista de las sepulturas de los personajes más conocidos en el enlace:  https://api-site.paris.fr/images/142852.pdf


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