EL VIDEO

Llegamos de noche a Lima, alrededor de las nueve. Cansados, pero felices, el mismo bus que nos llevó a Vichama nos dejó en el Ministerio de Cultura, en San Borja.

Desde allí, tomamos un taxi hacia la sede de Canal Museal.

Luego, a la hora de dormir, entre el sueño y la vigilia, empezamos a ver los rostros de Vichama, persistentes desde entonces en nuestra memoria.

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