
La curaduría y coordinación de Rafael Moreno Lozano plantea ese cruce sin forzarlo, logrando un equilibrio y una selección singulares.
Las obras no ilustran películas —algunas sí lo hacen—; otras, más bien, las reducen, las condensan. Lo que queda son imágenes fijas con carga narrativa, como fotogramas que han perdido la secuencia, pero conservan el guion subterráneo propuesto por el curador.
La muestra colectiva, en su segunda edición, se presenta en el nuevo espacio de la galería Martín Yépez, en plena Plaza San Martín del Centro Histórico de Lima: THE BASEMENT ART-LAB (Av. Nicolás de Piérola 938), hasta el lunes 27 de abril de 2026.
Compartimos el texto que acompaña la exposición, escrito por Alfredo Vanini Benvenuto, reconocido cinéfilo, melómano, traductor y bibliófilo, quien ofrece pistas útiles a la hora de sumergirse en la experiencia de Del cine al lienzo 2. Esta semana visitaremos la muestra y conversaremos con Rafael Moreno Lozano, artista y curador.

TEXTO PRINCIPAL, ACOMPAÑANTE DE LA EXPOSICIÓN
CINE Y PINTURA
Por: Alfredo Vanini
Cine y pintura. ¿Puntos de convergencia o distancias abismales? Ciertamente hay tanto de lo primero como de lo segundo. Formas de representación de la realidad ambas, pero también invención de lo irreal. La ilusión, que le dicen. Fábrica de alegorías que se condensan en la visualidad. Convergencias que posibilitan puntos de encuentro entre ambas artes. Pero también hay distancias.

Viaje a la luna | Díptico | cuerpo rectangular 30 X 40 cm. | Acrílico sobre lienzo | Julia Ortíz
Salta de inmediato la primera de ellas: la antigüedad. La pintura es paleolítica; el cine, en cambio, es el arte joven que nace y crece vertiginosamente poco antes del comienzo del siglo XX, en 1895. Apenas 130 años —hoy, 2025— tiene el llamado “séptimo arte”, frente a los 45 mil años de prácticas pictóricas. El soporte y la materialidad disponen otra distancia entre ambas prácticas; baste aquí decir que el cine es hijo de la industrialización y de los progresos técnicos que esta revolución propició en la segunda mitad del siglo XIX. La pintura es individual; el cine, colectivo. El cine, arte de masas. La pintura, una experiencia casi siempre íntima, incluso muy a menudo mística en un plano individual. Hablo del proceso de producción, por supuesto, pues admito que el cine puede procurarnos experiencias de un misticismo legítimo. Lo que intento decir es esto: para crear Guernica, basta una sola persona; para El ciudadano Kane, al menos un centenar.

Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles | Ilustración | digital 60 x 30 cm | Mariella Kampoy
Esta enumeración de similitudes y diferencias podría seguir largamente, esbozando al mismo tiempo una definición estimulante de ambas artes (por oposición). Pero nos detenemos aquí, porque el tema que ha suscitado este texto es claro y llano: Del cine al lienzo. Y ya este título nos habla de un tránsito, de una movilidad, de una forma de representación artística que deviene otra sin modificar, no obstante, su sentido. Postulo entonces dos conceptos clave para pensar esta transferencia: el movimiento y la condensación. Y, entre ellos, una paradoja.


Lost in traslation | acrílico sobre tela | 60 x 80 cm | Solaris | acrílico sobre tela | 140 x 100 cm | Aldo del Valle |
Si el cine es representación mediante el movimiento y la pintura se despliega en la imagen fija para representar, la paradoja reside en cómo recordamos las películas: mediante imágenes fijas. Curioso método de evocación el que realiza nuestro cerebro cuando se trata de cine. Rara vez rememoramos, al hablar de películas que hemos visto —aun si las hemos visto varias veces—, secuencias, travellings, picados o paneos; recordamos (y relatamos) imágenes fijas. Dos ejemplos: Vito Corleone en su despacho, acariciando un gato (imagen fija); Taylor, de espaldas a nosotros, viendo la Estatua de la Libertad partida por la mitad en aquella playa rocosa (imagen fija).


Cinema Paradiso | Mixta, carbón vegetal | dibujo digital | 120 x 90 cm | Milton Miranda
Este es el primer concepto evidente en el conjunto de obras de esta exposición: un conjunto de fotogramas, fotogramas artesanales, ciertamente (óleo, tinta, etc.), pero fotogramas al fin. Aunque quizá no del todo, porque estos fotogramas son una reinterpretación de una escena en particular. Y aquí aparece el segundo concepto: la condensación. El artista plástico, elegida su película preferida —por las razones que sean—, condensa en su imagen fija, producida mediante recursos manuales, la representación de la película entera. O esta es, en todo caso, la meta que debiera orientar la eficacia de esta muestra.
Del cine al lienzo nos brinda la ocasión de experimentar de muy cerca (“desde la primera fila”, como diría un cinéfilo) el proceso del que echa mano este grupo de artistas, en un sistema creativo donde el movimiento y la condensación son recursos fundamentales para marcar tanto un punto de encuentro como un espacio de distancia entre estas dos formas de arte tan alejadas y tan próximas.
Alfredo Vanini Benvenuto | Lima, abril de 2026






