En los tiempos del COVID-19 : Pensar el arte como una labor cultural

La crisis de la pandemia ha agregado un matiz dramático a la problemática global de estos tiempos. En lo local existe una tradición de trabajo cultural que aborda esa agenda con el fin de incidir en la vida ciudadana. Parte de esa tradición es reseñada en el libro Inteligencia Salvaje: La contraesfera pública 1979 – 2019 (2019) en el que los autores, Jorge Villacorta y quien escribe, destacábamos la urgencia de pensar el arte como una labor cultural que supere la noción oficial vigente de ‘Arte’.
Issela Ccoyllo
Historiadora de arte y Curadora
issela.ccoyllo@gmail.com

Las medidas contra el Covid-19 en el Perú tomaron por sorpresa al sector de las artes visuales que había iniciado sus primeras exposiciones del año 2020, obligando a postergar o cancelar su programación. Personalmente, la pandemia alteró mi trabajo curatorial en la exposición El mundo de otra manera, la cual llevaba solo dos días en temporada. Con su cierre se cancelaron las expectativas de las 26 artistas participantes así como las actividades programadas en el marco del festival del cual la exposición formaba parte.

Hoy se habla de reordenar el mundo y de la no vuelta a la normalidad. ¿Cómo imaginamos ese mundo? ¿Cuál es el lugar que allí ocupa la labor artística y cultural? ¿Se atenderá el abandono institucional hacia los profesionales culturales independientes? ¿Cómo deberán ser las exposiciones? ¿Daremos el paso para pensar el arte como una labor cultural? Urge pensar el arte como una labor cultural, pasar de reducirla a las “bellas artes” para celebrar nuestra diversidad cultural, dejar de pensar el arte solo como eventos de ocio y cultura y más bien activar el debate de temas irresueltos como Nación, que nos interpelan a puertas del Bicentenario. El racismo, la exclusión, la violencia de género y el anhelo por la búsqueda de una ciudadanía plena forman parte de las reflexiones del arte contemporáneo y de la cultura visual. Son diversas generaciones de artistas que han abordado el arte como una labor cultural basada en el trabajo colectivo, la co-creación, el emprendimiento y el activismo. Desde el Festival Contacta 79 del Grupo Paréntesis -un hito en la historia del arte peruano-, pasando por el Taller E.P.S. Huayco, Los Bestias, hasta Los Aguaitones, La Perrera, Sociedad Civil, El Averno y la intervención “Alfombra roja”, entre otras iniciativas como la Asociación de Artistas Populares de Sarhua y la Comunidad Shipibo-Konibo de Cantagallo, conforman nuestra historia del arte y cultura visual. 

En esa línea, los proyectos curatoriales debieran enmarcarse dentro de los estudios decoloniales. Somos un país que acoge diversas culturas cuyas manifestaciones se han empezado a poner en diálogo a través de curadurías y colecciones organizadas en ejes temáticos. Un ejemplo de ello fue la exposición Conexiones del MUCEN, en la que los curadores pusieron en diálogo las colecciones de diferentes épocas para reflexionar desde el presente sobre un tema como “Nación”, uno de los ejes temáticos de la muestra.

Exposición “Conexiones”.
Curaduría: Maria Eugenia Yllia, Augusto del Valle, Ricardo Kusunoki y Hugo Ikehara.
MUCEN, Museo Central. Lima, 2018.

El impacto del Covid-19 ha puesto de manifiesto la importancia del consumo de arte y cultura a través del espacio virtual y la televisión, y, sobre todo, ha revelado varios puntos ciegos en nuestro sector. En primer lugar ha evidenciado la situación crítica de los trabajadores culturales independientes que llegan a ser más del 90% según la encuesta realizada en marzo pasado a trabajadores de las artes visuales por los curadores y docentes universitarios Max Hernández y Carlos Zevallos (https://bit.ly/2x4dCoC). En segundo lugar debemos reconocer que vivimos una época en la que todas las artes, como la vida cotidiana, se volvieron visuales y han ampliado el imaginario de nuestra cultura visual contemporánea. Sin embargo, este imaginario deja de lado a las comunidades más alejadas de Lima donde la vida virtual y la conectividad son inexistentes.

«Somos un país que acoge diversas culturas cuyas manifestaciones se han empezado a poner en diálogo a través de curadurías y colecciones organizadas en ejes temáticos.«

Hace falta una institución que preserve la cultura visual de nuestro país, considerando que es insumo de la economía creativa. La gestión curatorial no se limita a las exposiciones, está también el trabajo con las colecciones de arte y archivos que por efecto de la pandemia han tenido oportunidad de ser activados, de forma innovadora unos más que otros, para su difusión online. Este tiempo de pandemia ha permitido hacer una pausa para reorganizar tareas no contempladas con el valor que debiera como es el estudio y divulgación del patrimonio. Los archivos del arte contemporáneo peruano se están dando a conocer a través de los registros y material de exposiciones pasadas, así como las publicaciones derivadas de estas, hoy convertidas en libros digitales de libre descarga, como es el caso del ICPNA, espacio que ha enfocado parte importante de su trabajo en impulsar proyectos que rescatan los orígenes de la historia del arte peruano contemporáneo. Allí hay varios puntos ciegos sobre los que en los últimos años se ha venido escribiendo, además permite mapear proyectos artísticos que pueden ser investigados y llevados a diversos formatos de exposición.

Libro derivado de la exposición “Redes de Vanguardia. América Latina 1926-1930”.
Curaduría: Beverly Adams y Natalia Majluf.
Asociación Museo de Arte de Lima y Blanton Museum of Art.
Lima, 2019.

En cuanto al rescate y preservación de archivos que forman parte también de nuestra cultura visual, habría que pensar en formas innovadoras para activarlos. Su futuro no tiene que ser únicamente convertirlo al formato digital. Una propuesta sería formar una generación de curadores que trabajen con archivos de instituciones o particulares. En 2019  se pudo ver dos importantes exposiciones retrospectivas trabajadas a partir de archivos, es el caso de Redes de Vanguardia. América Latina 1926-1930 realizada en el Museo de Arte de Lima, e Inteligencia Salvaje: La contraesfera pública 1979-2019 realizada en el espacio ICPNA.

Libro derivado de la exposición “Inteligencia Salvaje: La contraesfera pública 1979-2019”.
Curaduría: Issela Ccoyllo y Jorge Villacorta.
ICPNA, Lima, 2019.

Volviendo al formato de las exposiciones y a su futuro posible, será indispensable mantenerse actualizado con las teorías contemporáneas que permitan al visitante entender el mundo de otra manera. Precisamente la exposición El mundo de otra manera, cancelada por la pandemia, pretendía invitar al visitante a un recorrido organizado en ejes temáticos como el de género, temas que aun siendo cotidianos no forman parte o son esquivos en la cultura visual que ha sido históricamente patriarcal. Esta exposición reunió a destacadas creadoras de las artes plásticas, el diseño textil, la artesanía y la fotografía. Completaba el programa un ciclo de cine amazónico, desfile de moda y recital poético, todo como parte de la segunda edición del Festival Crea Mujer Crea organizado por el Colectivo Trenzando Fuerzas. La prolongación de la cuarentena, además de generar incertidumbre nos obligó a esperar mucho más tiempo para reprogramar el desmontaje de las obras y verificar su estado de conservación, una actividad esencial para los que trabajamos en artes visuales y tenemos la responsabilidad del cuidado de las obras de arte.

Exposición “El mundo de otra manera”.
Artistas: Hermanas Alacote – Isabel, Yolanda e Irma (Ayacucho), Graciela Arias (Ucayali), Liliana Avalos, Magdalena Ayme (Ayacucho), Lorena Arévalo, Lupe Benites, Clara Best, Lastenia Canayo (Ucayali), Juliana Cardozo, Chela Cardich (Huánuco), Jesucita Carpio, Patricia Eyzaguirre, Luz Letts, Yolanda Llontop (Chiclayo), Wilma Maynas (Ucayali), Patricia Orbegoso, Julia Ortiz, Pilar Pedraza, Violeta Quispe Yupari, María Ramos (Ayacucho), Rocío Rodrigo, Julia Salinas, Olinda Silvano (Ucayali), Andrea Vigil. Curaduría: Issela Ccoyllo. Salas del Gran Hotel Bolívar, 12 de marzo de 2020. (Fotografía: Pilar Pedraza)

Frente a la desmaterialización de las obras, lo ganado en el espacio virtual por museos y espacios de arte en su búsqueda por reinventarse, dejaron de ser solo ensayos para convertirse en procesos claves de gestión de públicos, creación y oferta cultural. Acorde con ello, el Ministerio de Cultura ha actualizado sus fondos concursables en respuesta al contexto en el que nos toca vivir hoy.

El espacio virtual seguirá evolucionando, innovando y mutando. Ni la escuela ni la universidad nos prepararon para ello. La vida virtual llegó en 2020 y nos hemos adaptado pronto, pero sin olvidar la brecha digital con nuestras comunidades más alejadas. Una agenda pendiente del Estado por el que nos toca estar atentos hasta que se concrete la democracia digital.

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